Jesús habló sobre la reconciliación y la redención a través de parábolas y ejemplos de la vida diaria. La reconciliación implica restaurar la relación con Dios, posible gracias al sacrificio de Jesús, quien expió los pecados. La redención es el precio pagado para liberar a las personas de la penalidad del pecado, la condenación eterna, mediante el sacrificio de Jesús. Sin embargo, la expiación de Jesús — el lavamiento del pecado — no salva automáticamente: se requiere arrepentimiento de todos.
Jesús a menudo utilizó historias y ejemplos de la vida cotidiana para explicar ideas importantes. Dos de estas ideas son «reconciliación» y «redención». Estas palabras pueden parecer difíciles, pero son clave para entender cómo las personas pueden reparar su relación con Dios.
¿Qué es la reconciliación?
La reconciliación significa hacer las paces y restaurar una relación rota. En la Biblia, se trata de reparar la relación entre Dios y las personas, rota por el pecado. El pecado son las acciones que van en contra de la voluntad de Dios y nos separan de Él.
En el Antiguo Testamento, las personas ofrecían sacrificios de animales para reconciliarse con Dios. Por ejemplo, los sacerdotes sacrificaban animales y su sangre cubría los pecados del pueblo:
“Y los sacerdotes los mataron, e hicieron de la sangre de ellos expiación sobre el altar, para reconciliar a todo Israel” (2 Crónicas 29:24).
El animal sacrificado debía ser sin defecto, y su sangre debía llevarse al templo. Sin embargo, Dios no diseñó estos sacrificios para ser el medio definitivo de expiación por el pecado. Por eso envió a Su Hijo, Jesús. Jesús fue perfecto y sin pecado, y Su sacrificio en la cruz fue la reconciliación final y completa. Gracias a Su muerte, todos pueden tener una relación restaurada con Dios:
“Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados” (2 Corintios 5:19).
¿Qué es la redención?
La redención significa pagar un precio para liberar algo o a alguien. Espiritualmente, significa que Jesús pagó el precio para liberar a las personas de la penalidad del pecado y de la condenación eterna. En el Antiguo Testamento, los sacrificios de animales simbolizaban esto. Por ejemplo, Moisés roció la sangre de un sacrificio para sellar un pacto (promesa) entre Dios y los israelitas (Éxodo 24:1-8).
Pero las personas continuaron pecando, y ningún sacrificio animal podía realmente pagar el precio. Jesús se convirtió en el sacrificio perfecto y definitivo. Su sangre pagó el precio por todos los pecados, liberando a las personas del castigo eterno:
“El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:28).
¿Porque el arrepentimiento es importante?
Aunque Jesús pagó el precio y nos reconcilió con Dios, las personas deben arrepentirse para recibir el perdón. Según la Biblia, el arrepentimiento significa volverse del camino de la condenación al camino de la voluntad de Dios. La esencia del arrepentimiento es recibir personalmente el perdón de los pecados (Lucas 24:47). Esto lleva al deseo de obedecer a Dios y evitar el pecado. Además, todos están llamados a arrepentirse. El apóstol Pablo dijo:
“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30).
Cuando las personas se arrepienten y creen en el mensaje de perdón predicado por un creyente, pueden abrazar plenamente los beneficios de la reconciliación. Este perdón es posible gracias al sacrificio de Jesús:
“Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (Hebreos 9:22).
¿Qué significa esto para nosotros?
Jesús es como el cordero sin mancha que fue sacrificado por los pecados de todos. Su sangre hace posible la reconciliación y la redención. Cuando creemos personalmente en Su perdón predicado a nosotros, somos redimidos y nuestra relación con Dios es restaurada. Como escribió Pedro:
“Fuisteis rescatados … con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:18-19).
A través de la fe en Jesús y Su sacrificio, cualquiera puede reconciliarse con Dios y ser salvo.
Autor: I.H.
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