¿Quién es una buena persona? Según la Biblia, el hombre está corrompido por el pecado original y, por lo tanto, es incapaz de hacer el bien. El apóstol Pablo escribe en su carta a los Romanos: “Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” (Romanos 3:12).
El testimonio de Pablo sobre la humanidad no es optimista. Sin embargo, hay personas que se consideran buenas. Un joven se acercó a Jesús y le dijo: “Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?” Jesús respondió:
“¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Solo uno es bueno. Pero si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.”
La conversación entre Jesús y el joven continuó, hablando de la necesidad absoluta de guardar los mandamientos. El hombre estaba seguro de haber cumplido todos y preguntó: “¿Qué me falta aún?” Jesús le aconsejó vender sus posesiones, darlas a los pobres y seguirlo. El hombre se entristeció y se alejó, porque tenía muchas riquezas (Mt. 19:16-22).
El hombre es simultáneamente malo y justificado por la fe en Cristo
Mientras estudiaba teología, asistí a una conferencia de un teólogo alemán que habló sobre la doctrina de la justificación de Martín Lutero. Fue entonces cuando comprendí que el hombre nunca puede ser bueno por sí mismo. Por naturaleza, el hombre es siempre malo, pero se vuelve aceptable para Dios cuando cree en Jesús. Cuando un hombre cree, según Lutero, es malvado por naturaleza debido al pecado heredado; sin embargo, al mismo tiempo, es justo y justificado por la fe en Cristo.
Cuando recibí la gracia del arrepentimiento y encontré el reino de Dios, mi vida cambió. El Espíritu Santo de Dios vino a mi corazón y comenzó a guiar mi vida. El fruto de mi conversión fue un cambio favorable en mi estilo de vida. No recibí un manual sobre cómo vivir, sino que la gracia me enseñó a abandonar mis caminos impíos.
Cosas que antes eran importantes para mí perdieron su significado. Mi conciencia tenía paz, y ya no necesitaba alcohol, pistas de baile ni entretenimiento mundano. Mi mayor deseo era creer como hijo de Dios y asistir a los servicios religiosos. No busqué ninguna otra espiritualidad después de que el Padre celestial había escuchado mi oración: “Venga tu reino.”
En los servicios de los creyentes, me maravillaba constantemente de la preciosidad de esta fe. A veces me preguntaba si el predicador realmente enseñaba conforme a la Biblia. Pero al revisar el texto en mi propia Biblia en casa, encontraba que había predicado correctamente. La fe viva se basa en la palabra de Dios.
También descubrí que la doctrina de Lutero sobre la justificación por la fe no es solo teoría, sino una verdad práctica en el reino de Dios. Se me permitió creer por pura gracia que todos mis pecados han sido perdonados en el nombre y la sangre de Jesús. Este fue un regalo otorgado únicamente por el mérito de Jesús. Recibí este don cuando el Espíritu Santo me aconsejó aceptarlo por fe y me condujo al reino de la gracia como hijo de Dios.
Nadie es bueno ante Dios
Cuando recibí la gracia de creer, pensé que me volvería bueno. Pero cuando pasaron los primeros sentimientos de gracia, comprendí que no era bueno. En los servicios aprendí que mi cuerpo, corrompido por el pecado original, no se había arrepentido. Como Pablo, siento: “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.” (Romanos 7:19-20).
Como creyentes, sentimos constantemente la batalla interna entre el Espíritu Santo que habita en nuestro corazón y nuestra naturaleza corrupta que actúa a través del cuerpo. Pablo describe esta lucha: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” Reconoce que nadie es bueno ante Dios. Somos malos por naturaleza. Luego señala el camino a la bondad: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.” (Ro 7:24-25). Más adelante, Pablo nos instruye: “Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.” (Romanos 8:13).
Olavi Vallivaara
El texto es un extracto de una publicación del blog Päivämies del 14 de agosto de 2019.
Traducción al inglés: K.K. Traducción al español: N.N. Imagen: SRK, Finland